Estar rodeados por gentes que

muro10dan la bienvenida a la libertad, la justicia social y espiritual, cuyos barcos surcarán las aguas, unas veces del mar en calma, otras de mar gruesa, de la tradición y la modernidad, el capitalismo agresivo y la supervivencia cotidiana, no será fácil.

Ahora, sin embargo, hay una mayor esperanza de que cambios parecidos puedan darse en Palestina. Y ello con el fin de que el siglo -ahora ya más de un siglo- de sionismo termine de una vez y se logre la reconciliación entre los palestinos víctimas de políticas criminales y la comunidad judía.

Una reconciliación que ha de ser justa -o no será-, construida sobre la base de su derecho al retorno, así como de los derechos humanos, sociales y políticos -hasta ahora negados-, por los que también el pueblo de Egipto ha luchado valientemente durante las semanas de enero en que el mundo concentró su mirada en la plaza de Tahrir.