Hoy sabemos que era solo una táctica destinada

a ganar tiempo para que los manifestantes se fueran a casa. Pero es que algo así nunca ha sucedido en Israel, un país donde todos los generales que en su día ordenaron disparar contra los palestinos, o a los judíos contrarios a la ocupación, son los mismos que compiten ahora por el puesto de general en jefe. Uno de ellos, Fair Naveh, ordenó en 2008 acabar con cualquier palestino sospechoso, incluso en el caso de que no se resistiera al arresto. Ese hombre nunca irá a la cárcel, pero Anat Kamm, la joven periodista que descubrió estas órdenes, se enfrenta ahora a una condena de nueve años por pasárselas a Haaretz, que las hizo públicas.

Resumiendo: ningún militar o político israelí pasará un solo día en la cárcel por haber ordenado a las tropas que disparen sobre manifestantes desarmados, civiles inocentes, mujeres, hombres y niños. Pero, claro, la luz que emanan los acontecimientos de Túnez o Egipto es tan fuerte que alcanza a iluminar perfectamente los más oscuros rincones de la “única democracia” de Oriente Próximo.